El hambre deja a los ancianos venezolanos a merced de las enfermedades

por | Dic 5, 2018

Adultos mayores son los más afectados por la crisis, escasez y altos precios en los alimentos. Comer en comedores populares, en iglesias, depender de la caja Clap o simplemente salir a la calle a “rebuscarse”, es el día a día de muchos ancianos venezolanos

Yeannaly Fermín

@yeannalyfermin

Fotos y videos: Abrahan Moncada

@Monkda92

Una calle estrecha y convulsionada. Hay calor y humo negro por el paso de carros que se detienen cada vez que un semáforo viejo y deteriorado cambia de color. En las aceras, decenas de personas caminan porque el transporte público está casi desaparecido. En la Avenida Este 2 en Caracas, hay una gran cola de gente, parecida a las que se forman cuando hay elecciones presidenciales. Son 1.200 y la mayoría pasa de los 65 años, tienen la piel llena de surcos y pequeñas manchitas marrones, la cabeza casi como un copo de algodón y la mirada perdida. Muchos están delgados, cansados. La severidad del sol de mediodía brilla para todos por igual. Los más fuertes están de pie, unos con la ayuda de un bastón, y otros en reposo sobre el suelo sucio. No van a elegir un candidato, van a saciar el hambre en el Proyecto José, un comedor popular de la iglesia evangélica El Renacer, ubicada en La Candelaria.

En esa fila se encontraba Jesús Guerra el pasado 20 de noviembre a las once de la mañana, un hombre de 68 años que desde hace tres meses se vino de Güiria, estado Sucre, a Caracas. Su intención era conseguir trabajo, pero por su edad se le ha hecho imposible. Duerme en el Terminal de Oriente, ubicado en la Autopista Gran Mariscal de Ayacucho, en el estado Miranda, y se va pidiendo cola desde ahí hasta Bellas Artes, una parroquia céntrica de Caracas.

Ramón Romero también estaba en la gran cola. Tiene 65 años, vive en Petare con su esposa y dice que no recuerda la última vez que compró carne y pollo. Para Romero, dejar de almorzar en su casa es un método de ahorro.

Guerra y Romero son dos adultos mayores que de lunes a viernes, a partir de las diez de la mañana tienen cita en el comedor que desde hace un año le brinda un almuerzo gratis a todos los que tengan hambre. Ambos comentan que con toda la situación del país han perdido peso por lo que deben recurrir a otras alternativas para poder alimentarse.

 

 

En Venezuela, los ancianos son los más afectados por la crisis, la escasez y los altos precios de los alimentos. Así lo dice Luis Francisco Cabezas, director de la Asociación Convite, organización que se encarga de resguardar los derechos sociales y visibilizar las violaciones de garantías fundamentales de personas o grupos vulnerados, como la tercera edad.

Convite realizó un estudio en diciembre de 2017 y determinó que los mayores de 65 años que llegaban a las casas de alimentación de Miranda perdían 1,3 kilos mensuales de peso. También observó que cada vez era más frecuente la asistencia de ancianos a comedores populares y casas de alimentación.

Cabezas afirmó que durante su gestión en esos comedores, muchas personas de la tercera edad llegaban casi desmayados. Paul Flandinetti, pastor de la iglesia El Renacer, testificó la misma situación y dijo que en la puerta del comedor a muchos ancianos han tenido que pasarlos, sentarlos y ponerles un algodón con alcohol en la nariz para que puedan reaccionar y darles de comer.

Pablo Hernández, nutricionista y profesor universitario de la Universidad Central de Venezuela, explicó que la alimentación de un anciano debe ser variada y equilibrada para que no haya pérdida de masa muscular. Una dieta basada en proteínas, carbohidratos, frutas y vegetales es lo ideal para mantener músculos y huesos sanos, pero afirma que en la situación actual, es bastante difícil.

El experto en nutrición confirmó que el requerimiento calórico para las personas mayores de 60 años es de 1975 kilocalorías para mujeres y 2500 para los hombres. Explica también que un adulto mayor debe hacer entre cuatro y cinco comidas al día, tres pesadas y dos meriendas. “Actualmente, no se cubre el requerimiento nutricional establecido, por eso ellos -los ancianos- son más propensos a enfermedades respiratorias y afecciones gastrointestinales que se complica aún más si la persona sufre de diabetes e hipertensión, enfermedades comunes en la vejez.

 

Maromas para comer

Las historias de supervivencia de los adultos mayores no solo se ven en el comedor popular El Renacer. En las barriadas populares los ancianos también deben inventarse cada día una manera para no morir de hambre.

Margarita Ribas vive en Filas de Mariches, municipio sucre, estado Miranda. Tiene 73 años y padece de diabetes tipo 1, condición que le exige llevar una alimentación sana, balanceada, sin grasas ni azúcares. Comenta que lo que come es por la caja del Clap y por la pensión del Seguro Social. “Trato de rendir la caja lo más que puedo, con la pensión compro algo de queso, mortadela y plátanos. No puedo comprar aliños ni frutas porque eso no alcanza. He bajado de peso, yo antes era gorda”, dijo.

Yolanda Pulido vive en Barrio Bolívar, Petare, municipio Sucre, con su hija y dos nietas. Tiene 62 años. Para poder comer dice que se ha vuelto muy creativa. Hace arepas de cualquier tubérculos, para poder poner proteína en el plato se va al mercado y compra los carapachos de pollo, los poner a hervir y hace una sopa. “Si los carapachos tienen bastante carne, la esmecho y luego la guiso”, explicó Pulido.

Iris Vargas vive en Pinto Salinas en Caracas, tiene 93 años y ya por su avanzada artrosis se le hace difícil realizar cualquier actividad, sin embargo, se levanta temprano, se hace una arepa con harina de la caja Clap, se prepara un trago de café y se lanza a la calle. Es muy dicharachera y amable, a todo el que pasa le echa la bendición. Todos los habitantes del sector le tienen cariño. Cuando Iris no va al comedor El Renacer, cualquier vecino le brinda así sea caraota con arroz o yuca con sardina. “Yo no me muero de hambre, mija. A mi todo el mundo me quiere y me dan de comer, pero hay otras personas que sí se las ven feas”, dijo Vargas.

Luis Francisco Cabezas asegura que actualmente los mayores y no tan mayores, sustituyen el consumo de huevos, pescados, carne y otras proteínas por pellejos, mollejas, patas de pollo, vísceras y morcilla, algo que es fatal para el colesterol.

Pablo Hernández explicó que muchos ancianos se han quedado solos en el país ante la diáspora venezolana y que por esa razón cada vez es más difícil que ellos puedan alimentarse adecuadamente. “Los adultos mayores están comiendo arroz, papa, yuca. Esto se convierte en azúcar y hace que la persona engorde, pero no es sano y conlleva a la pérdida de masa muscular”, dijo.

El último boletín emitido por Cáritas Venezuela, correspondiente a los meses abril-julio de 2018, reportó que 72 % de los hogares en zonas empobrecidas del país había deteriorado su alimentación y que 63 % había tenido que pasar por alguna privación al momento de comer.

En el mes de octubre, Cáritas emitió un comunicado en conmemoración por el Día de la Alimentación en el cual aseguraba que los venezolanos cada día son más dependientes del Estado, de las remesas que envían los familiares desde el exterior y de actividades y programas de asistencia para poder alimentarse.

 

Comer lo que sea por la crisis

Noel Gómez, de 72 años, come desde hace un año en el comedor de la Iglesia Evangélica. Todos los días viaja de Casalta, en la parroquia Sucre, a Bellas Artes, en Candelaria, para poder comer. Asegura que recorre varias iglesias los fines de semana en busca de comida. “En mi casa no hay unión y por eso tengo que comer lo que consiga en la calle”, dijo.

Gómez dice que en los comedores de las iglesias los granos no faltan: “Siempre nos dan caraotas, frijoles o lentejas. Arroz, pasta, plátanos, yuca, sopa, a veces dan carne… A veces”.

Raúl Urbina tiene 69 años, no trabaja, vive en Petare y asegura que come lo que sea. “Lo que más como es yuca y la masa de maíz pilao que venden por ahí. Cuando tengo compro queso, cuando no, como eso solo y listo”, dijo.

Los altos precios de la carne y el pollo hacen que cada vez menos personas puedan acceder a ellas. Ancianos aseguran que el monto mensual de la pensión del Seguro Social no alcanza para comprar comida. Según el informe de Cáritas, 85 % de los hogares en condiciones de pobreza tienen una alimentación de diversidad inadecuada.

 

 

El presidente de la Federación Nacional de Ganaderos de Venezuela, Carlos Albornoz, informó en una entrevista para el diario El Nacional, que el consumo de carne en los venezolanos ha disminuido. Albornoz señaló que en 1980 y en el 2012 la ingesta de este rubro fue de 23 kilos por habitante, mientras que para abril de 2018 el indicador estaba en 4 kilos por persona al año.

De acuerdo con un informe de publicado en noviembre de 2018, por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y el Programa Mundial de Alimentos (WFP), la cifra de personas desnutridas en Venezuela se disparó en 600.000 entre los años 2014 y 2017.

El mismo documento señaló que el hambre ha mantenido una tendencia al alza en los últimos años y precisó que en el país hay al menos 3,7 millones de habitantes subalimentados, casi 12 de cada 100 venezolanos.

El experto en nutrición afirma que el adulto mayor debe llevar un ritmo de vida tranquila y una nutrición completa, variada, con muchos nutrientes y vitaminas. “La caja del Clap es nutricionalmente incompleta, le faltan vitaminas y minerales. La leche no aporta los nutrientes necesarios para el adulto mayor”, enfatizó.

Hernández explicó que un cuadro grave de desnutrición puede llevar rápidamente a la muerte a cualquier anciano y que en los centros de cuidados para ancianos, ahora es muy común la desnutrición protéica- calórica.

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