El béisbol menor se niega a ser sacado out por el hambre

Oct 11, 2018

Tres academias en distintos sectores de Caracas se mantienen pese a la crisis alimentaria

Mayor compromiso de representantes, asesoría de nutricionistas y cambio de hábitos en la mesa son algunas de las estrategias para seguir en “play”

Niños que llevan a cabo una actividad deportiva requieren un consumo de entre 1.500 y 2.000 calorías diarias

 

Francisco Zambrano

Fotos: Abrahan Moncada

Pese a la lluvia que amenaza por caer, David González imparte instrucciones desde el home en el estadio de béisbol del complejo Parque Miranda en plena avenida Francisco de Miranda en Caracas. Son las 2 de la tarde de un viernes y una fila de niños entre 4 y 5 años corren por toda la raya de cal. Desde hace una década González es entrenador en la Liga Popular Metropolitana de Criollitos de Venezuela, pero este 2018 asegura que ha sido particularmente difícil. Ha visto la cara del hambre en primer plano.

El equipo de Runrun.es visitó tres escuelas de béisbol en el área metropolitana de Caracas: Los Dos Caminos, Montalbán y San Agustín. En cada una comprobó que hay deficiencias alimenticias y que las mismas repercuten en el desempeño deportivo de los menores de edad. Algunos entrenadores y representantes han tomado iniciativas para paliar el tortuoso camino de la desnutrición infantil, otros están por hacerlo.

“Este año no he visto, pero el pasado hubo niños que se desmayaron por hambre, algunos decían que llegaban a la práctica sin almorzar”, dijo González.

El técnico sentenció que de 200 niños que habían en 2017, ahora hay cerca de 140. Afirmó que la crisis de alimentos y transporte ha contribuido a la deserción. “Algunos prefieren comer que hacer deporte. El tema del traslado hasta acá también perjudica, la mayoría de los niños son de Petare, pero tengo gente que viene de Higuerote”.

Indicó que anteriormente hacían colectas para compartir alimentos después de cada partido, hoy en día esas experiencias quedaron reducidas a su mínima expresión. “(Antes) podía ser una hamburguesa para cada niño, hoy en día a lo sumo es un cambur o una tizana. En el plan vacacional de este año comenzamos dando un cambur o una naranja, terminamos con agua”.

Magali Fernández es la abuela de Henry Mesa, de 5 años. Viven en San Bernardino y tres veces a la semana acuden al estadio del Parque Miranda. “Está muy difícil eso de darle comida al niño, hay que traer de todo, hasta el agua porque no se puede comprar nada en la calle, todo está carísimo”.

Elisbeth La Roca es la representante de Samuel e Ismael, de 5 y 7 años de edad respectivamente. “Básicamente su merienda es fruta, es cuesta arriba comer balanceado. A veces uno deja de comer para que ellos puedan alimentarse bien”.

“He escuchado de madres que no botan el agua donde hacen la pasta, la guardan para mezclarla con leche y dársela a los niños”, aseveró David González.

Para agosto de este año, la organización Caritas informó que la desnutrición infantil – registrada en las parroquias más pobres de seis estados del país– había alcanzado 14%, más del triple del umbral de alerta establecido por la Organización Mundial de la Salud. De 15 mil niños evaluados, Caritas detectó signos o riesgos de desnutrición en 65% de ellos.

“Si la tendencia de desnutrición se mantiene, nuestro pronóstico es que nos mantengamos en situación de emergencia todo el año, aunque no llegaríamos a la hambruna”, dijo la coordinadora de Caritas en Venezuela , Susana Raffalli en la pasada Asamblea Plenaria Ordinaria de la Conferencia Episcopal Venezolana.

El nutricionista clínico, José Alejandro Moreno, sostuvo que niños que hacen una actividad física requieren una carga calórica adicional de 25% o 30%. “En la Venezuela de hoy no está fácil porque la proteína se ha vuelto muy costosa y el niño con facilidad pierde masa muscular”.

A juicio del especialista, niños que llevan a cabo una actividad deportiva requieren un consumo de entre 1500 y 2000 calorías diarias y no deben exceder los 1,2 gramos de proteínas por cada kilogramo de peso.

“Los padres no tienen oportunidad de darle proteínas a sus chamos y con arroz y caraota no se nutre a un pueblo, hay que darle una carga calórica adicional”.

“La alimentación es importante para el desarrollo óseo y muscular. Cuando un niño está en etapa de crecimiento los huesos comienzan a solidificarse, pero si no tienen los nutrientes adecuados van a tener músculos que no van a desarrollarse bien y huesos que pueden fracturarse. Un niño que pudiese alcanzar 1,90 metros de estatura en su desarrollo, probablemente llegue a 1,70 metros porque no tuvo una alimentación adecuada”.

El preparador físico, Andrés Rondón, informó que el cuerpo necesita calorías para llevar a cabo todas las actividades cotidianas. “Nuestro organismo prefiere los carbohidratos, de segundo la grasa y por último rompe el músculo buscando energías y es allí donde conseguimos los problemas, especialmente con niños en etapa de crecimiento. Si no tienen una formación muscular adecuada, cómo van a desempeñarse de una óptima manera en el deporte”, dijo

David González entrena a niños a partir de 4 años en Parque Miranda.

Photograph by Lorem Ipsum via Unsplash

Villa de ilusiones

Del otro lado de la ciudad, Zaida Rengifo, vicepresidente de la organización Criollitos de Venezuela en Distrito Capital y directora de la academia Big Cats, vislumbra una práctica desde el dugout de primera base del estadio “Lucas Castillo”, cercano al centro comercial La Villa en Montalbán.

“Este año se ha agudizado más la crisis, algunos representantes prefieren mandar a los niños porque creen que así se les olvidará el hambre. Hay niños que aman al béisbol y eso los distrae”, apuntó.

En Montalbán tienen categorías que van desde semillita (4 años) hasta prejunior (14 años), pasando por preparatorio, preinfantil e infantil. En cada una de dichas categorías hay un promedio de 15 niños que entrenan un mínimo de 24 horas mensuales, de 3 a 6 de la tarde, de lunes a viernes.

Desde el año pasado, a Zaida le ha tocado ser testigo de una metamorfosis no solo de niños. Dijo ser testigo de niños y representantes que comen dos veces al día: almuerzo y cena.

Rengifo, quien desde hace 18 años fundó Big Cats junto a su hoy en día fallecido esposo, admitió que anteriormente la academia era gratis, pero ahora se vio obligada a cobrar una mensualidad para mantenerla, aunque algunos están exonerados porque su condición raya en lo crítico.

“Cómo le pides a un representante que le compre un uniforme a un niño si no tienen ni para comer. Hay un chamo cuya mamá vende sardinas en San Martín, entre todos lo ayudamos y le conseguimos unos zapatos para jugar… así estamos”.

Indicó que en el pasado cercano compraban meriendas en un kiosco aledaño, pero la hiperinflación les fue impidiendo adquirir productos. Ahora los representantes y niños sortean el hambre vespertina con cambur y pan dulce, acompañado en algunas oportunidades de papelón y por supuesto agua.

La canasta básica familiar de agosto 2018, según datos emanados del Cendas (Centro de Documentación y Análisis Social) se ubicó en 20.817 bolívares soberanos, lo que se traduce en 2.081 millones 712 mil 965 bolívares fuertes. De julio a agosto, la canasta aumentó 9.244 bolívares soberanos (924 millones 460 mil 114 bolívares fuertes).

Rengifo aseveró que hay niños de 14 años que a simple vista no presentan un peso ni estatura ideal. Su experiencia le dice que los menores de edad necesitan vitaminas, leche y cereales para alimentarse y poder rendir en el terreno de juego.

También culpó a la falta de efectivo. Según ella, hay peloteritos y padres que caminan desde sus hogares en La Vega hasta el estadio en Montalbán porque no cuentan con liquidez suficiente para pagar un transporte colectivo. “Ya llegan cansados al entrenamiento”, añadió.

José Moreno tiene 25 años y desde los 17 es entrenador en Big Cats. “Uno ve chamos que llegan desnutridos, se ve que no hacen las tres comidas diarias”.

Yeen Reverol es padre de su homónimo de apenas 4 años. Desde hace ocho meses forma parte del equipo semillita de Big Cats. “Es difícil porque los niños tienen un apetito fuerte, hay que darles meriendas y vitaminas. Uno tiene que hacer sacrificios de limitar ciertas cosas para poder comer medianamente balanceado. Por fortuna es hijo único, no me quiero imaginar cómo hacen los padres que tienen dos y tres hijos”.

Gabriela Franco, madre de Frank Castro de 8 años, aseguró que en su casa han tenido que modificar los hábitos alimenticios y activar un plan de cooperación familiar para ubicar los alimentos y adquirirlos.

“Hemos aumentado la ingesta de vegetales como calabacín y brócoli, así como de granos. Tenemos tiempo sin comer carne y pollo”, aseveró Nancy Reyes, quien tiene cuatro nietos inscritos en la academia de Montalbán.

A pesar de la galopante crisis, Zaida Rengifo no tiene planes de claudicar, todo lo contrario. En su horizonte está buscar asesorías con expertos en materia de alimentación para ayudar a los niños. “El lema de Big Cats es: triunfamos solo con nuestro esfuerzo”.

 

La academia Big Cats en Montalban acoge alrededor de 70 niños

Photograph by Lorem Ipsum via Unsplash

Corriendo hacia adelante

Con toda una vida dedicada al béisbol y un equipo de peloteritos de entre 7 y 12 años de edad a su cargo en San Agustín, Luis Rondón tuvo que tomar una decisión antes de que la desnutrición acechara a sus jugadores. Como el corredor que está en primera base y sabe que con un buen sprint puede robar segunda, el entrenador le saltó adelante al hambre y decidió consultar a un experto en nutrición para evitar que uno de los niños que dirige se desmayara en plena rutina.

“Estaba siendo testigo de chamos que se mareaban, que a las 2 de la tarde no habían desayunado o que tenían en el estómago solo un pan con mantequilla”, manifestó Rondón.

“Hacíamos una colecta para darle avena a los niños en la mañana, pero quisimos ir más allá”, contó. La pérdida de masa corporal era uno de los aspectos que más preocupaba al técnico. “La mala alimentación se refleja en la energía, un niño mal alimentado es propenso a lesionarse, un niño bien alimentado presta más atención”.

“Aquí hay chamos que han bajado de peso”, agregó Juan Carmona, padre de Christopher Carmona de 10 años de edad. “Esta crisis le ha pegado a todo el mundo, en promedio estamos comiendo carne una vez a la semana. Al niño tratamos de darle proteínas, leche, Lactovisoy (chicha de arroz enriquecida), pero no está fácil, por fortuna tenemos familiares afuera que nos echan una mano”.

Rondón aseveró que el compromiso de los padres y representantes es fundamental. “Sin ellos no haríamos nada, esta lucha tiene que ser de todos”.

Neyda Medina es la madre de Juan José Pérez. Juan José es el único de la decena que entrena con un peso relativamente adecuado. “Cuando llegó estaba más gordito, ya le falta poco para tener su peso ideal, bajó el consumo de chucherías y ha incrementado el de frutas y verduras, nos hemos ido adaptando, no ha sido fácil esto”, confesó Medina.

La búsqueda de una alternativa condujo a Rondón hacia el nutricionista clínico, José Alejandro Moreno. “Hicimos un enlace con la Fundación Narices Mágicas y a través de ellos dimos con Moreno. Llevé primero a 20 niños a la consulta y allí les hicieron sus historias médicas. Se les hizo un estudio de parasitosis y les dieron charlas también a los representantes”.

Moreno junto a su esposa dirige la Fundación Narices Mágicas que recibe donaciones de medicinas, ropa y alimentos y aunado a eso establece alianzas con organizaciones fuera del país como Fundafid, con sede en Miami y responsable de la dotación del suplemento energético para la academia Indios.

“Rondón les da una medida todas las mañanas antes de saltar al terreno, hemos logrado que disminuya la pérdida de masa muscular y que aumente el rendimiento deportivo”, acotó el especialista.

Rondón es el mánager de la academia Indios, cuya sede está en el Parque La Juventud y Familia, en plena avenida Lecuna entre las estaciones de Metro de Nuevo Circo y Parque Central. Llegó a jugar hasta Doble A, pero el empecinamiento de su familia porque cursara estudios universitarios le procuró un título de abogado. Si bien no pudo cumplir el sueño de jugar a nivel profesional, cristalizó el anhelo de forjar el sendero de decenas de niños. En su experiencia como entrenador ha sido testigo de la evolución de promesas que ahora juegan en ligas universitarias en Estados Unidos y en la Liga de Manaos en Brasil. Uno de sus hijos, Andrés, salió de la academia y ahora es preparador físico del equipo de Grandes Ligas, Cachorros de Chicago, en República Dominicana.

La academia ha sufrido los embates de la crisis económica: hiperinflación, escasez, deserción y diáspora.

“Aquí antes habían cinco academias de béisbol menor, hoy en día solo quedan dos. De 500 chamos que jugaban en este estadio hace un par de años actualmente hay alrededor de 180”, dijo el nacido en Ciudad Guayana.

Luis Rondón tiene cuatro décadas involucrado con la práctica del béisbol.

Photograph by Lorem Ipsum via Unsplash

El nutricionista Alejandro Moreno dijo que el motivo de su consulta hace cinco años era obesidad y sobrepeso, ahora es pérdida de masa muscular no cuantificada, parasitosis, deficiencias nutricionales y anemia. “El problema con la malnutrición es que empieza a mermar el estado de salud de nuestros niños. Mientras los niños no estén ingiriendo las calorías necesarias, no van a tener un incremento de la masa muscular, no se puede desarrollar nada con hambre”, indicó Moreno.

El especialista sostuvo que en la Venezuela de hoy en día sus habitantes tienen que aprender a comer nuevamente, conseguir formas alternativas de alimentarse y sembrar hábitos nutricionales en sus hijos.

“En la consulta asesoramos a los padres para que hagan una mejor compra, en vez de gastar en embutidos y alimentos industrializados que se venden como económicos, pero rinden muy poco. Sale mejor comprar verduras y hortalizas, la gente ahorra un poco de dinero y le estás dando vitaminas y minerales para acompañar con una proteína que puede ser sardina”.

El nutricionista reconoce que en la economía hiperinflacionaria y de escasez en Venezuela es una empresa harto complicada llevar a cabo una óptima selección de alimentos con la cantidad de nutrientes requerida.

“Hay madres que me dicen que solo compran patas de cochino y de pollo, además de sardinas, el resto son granos. Las proteínas no pueden venir solo de allí. Es cierto que las patas de cochino te aportan colágeno y algunos aminoácidos que ayudan a subir las defensas, pero también tienen un alto contenido de grasa”.

“En cambio, con un esfuerzo se puede comprar un picadillo de pollo y combinarse con vegetales como el calabacín o la berenjena. Pollo con berenjena y arroz, aunado a una sopa de lentejas es un excelente almuerzo para un pelotero. Una guayaba grande rinde para un litro de jugo y es mucho más nutritivo que un refresco”, añadió.

Según Luis Rondón, desde que están recibiendo asesoría de un nutricionista ha visto una evolución en el rendimiento atlético de sus pupilos de un 40%.

“Ojalá pudiéramos atender a todos los niños de Venezuela. En la crisis actual está muy difícil no perder masa muscular y evitar anemias que al final afecten el sistema inmunológico. El futuro de nuestros niños nos preocupa como nutricionistas”, aseveró José Moreno.

“Si esto sigue así, lo más probable es que desaparezca”, salió al paso Juan Carmona, papá de Christopher, quien funge como pitcher y eventual segunda base de Indios.

“Con toda esta conflictividad, el futuro de los chamos que hacen deporte en Venezuela es cuesta arriba. Cada vez las necesidades se alejan más de las soluciones, hay una brecha que hace que la necesidad sea grande y no haya camino para alcanzar soluciones”, argumentó Moreno.

Rondón sentenció que en la academia aplican la política del reciclaje para sobrevivir. “La mayoría de los implementos que usan estos chamos, guantes, pelotas, bates, ropa y calzado son heredados, es imposible para los padres comprar eso en este momento”.

El entrenador desconoce si este año asistirán al campeonato de la categoría infantil, torneo en el que terminaron subcampeones en 2017. “Hemos hecho cuatro torneos y vamos a intentar hacer el quinto, pero va a estar difícil por la situación económica. En teoría debería comenzar en noviembre”.

Moreno comentó que gracias a fundaciones y organizaciones que operan dentro y fuera de Venezuela, hay niños que pueden alimentarse adecuadamente en función de desarrollar una actividad deportiva. “Hay muchos venezolanos que nos quedamos para ayudar a los demás. Tengo mucha fe que si seguimos haciendo hincapié en labores sociales volveremos a tener la Venezuela de los grandeligas, de los investigadores y escritores”.

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